A modo de establecer un observador común en el equipo gestor de la Actualización del Pladeco 2008 - 2012, a continuación se adjunta un breve documento que nos permitirá abrir nuevas conversaciones sobre los Valores que viviremos como equipo de trabajo.
2. Valores éticos y su importancia
Los valores éticos son el conjunto de creencias y conceptos fundamentales que orientan las conductas, las normas y las decisiones que permiten distinguir cuáles son apropiados o no. Los valores dan fundamento a las ideas, hacen deseables determinados fines y objetivos, legitiman ciertas formas de actuar y llevan a escoger el uso de ciertos medios en lugar de otros.
Los valores éticos, como los demás, se caracterizan por su polaridad y jerarquía. Es así como hay valores positivos y negativos y valores superiores e inferiores (conforme a una determinada escala de valores).
3. Identificación de los valores que inspiraron el hogar de origen
Cualquiera sea nuestra etapa en la vida, los valores del hogar de origen están, por lo menos, en el trasfondo de nuestras conductas y comportamientos. Los hemos bebido en “leche materna” y nos fueron inculcados en la convivencia diaria, en el tipo de relaciones con los padres y hermanos.
Los aprendimos más de lo que vivimos que de lo que nos dijeron. De la relación misma más que de las “prédicas” que pudieron darnos. Sobre todo, los introyectamos cada vez que vimos a las personas más importantes para nosotros tomar decisiones, hacerlo respetando o pasando a llevar los principios y las creencias que decían profesar y las normas que nos inculpaban permanentemente. Más que sus palabras fueron sus ejemplos y testimonios cotidianos los que nos grabaron valores claros y firmes o nos dejaron en situación de confusión e inestabilidad.
Todos nos sorprendemos hablando como nuestros padres, incluso a veces, cosas que rechazamos en ellos cuando niños. “Como decía mi padre” o “mi padre siempre hacía tal cosa” e, incluso, la mayor parte de las veces, sin saberlo, estamos hablando, pensando sintiendo o actuando como ellos. Incluso, recibimos su influencia cuando reaccionamos contra ella, cuando queremos hacer las cosas de modo diferente porque algo en ellos no nos gustó. Aún al estar en contra, estamos en referencia a ellos.
Ellas tienen impacto, sean acertadas o erróneas a la luz de una ética razonable, y se graban como verdades emanadas de fuentes de toda seguridad –los padres y otros adultos de gran influencia- en una época en que para el niño es importante obedecerlas y complacerlas. Lo anterior tiene el carácter de una “grabación permanente” que no puede ser borrada con facilidad, cuya reproducción ejerce una poderosa influencia toda la vida. Si estas grabaciones fueron impuestas autoritariamente o a través de manipulaciones, puede ser muy difícil someterlas a crítica, aunque hayan dejado de ser válidas.
4. El desarrollo valórico personal en la niñez y la juventud
Desde niños empezamos a recibir otras influencias, en el barrio, en el colegio, con los grupos de amigos, de los medios de comunicación social, etc. Ellas van impactando en nuestros valores.
En la adolescencia ponemos todo lo recibido en duda. Todo pasa a ser medido, pesado y cuestionado. Los grupos de pertenencia y de referencia se amplían, nos encontramos con experiencias y valores de personas, grupos e, incluso, de toda una generación de la que nos sentimos parte. Los modelos de la infancia nos parecen obsoletos y desarrollamos una fuerte “contradependencia”, una reacción contra todo lo que aceptamos de las figuras de autoridad.
Esta “crisis valórica” (crisis no significa drama sino cambio) aunque dolorosa para el joven y para sus padres y conflictiva para la sociedad, es prácticamente inevitable y necesaria. De ella debería emerger una persona, que se debería ir haciendo cada vez más autónoma y que debería ir conduciendo su vida conforme a sus propios valores. Lo planteamos condicionalmente, (“debería”), porque muchas veces este proceso no se vive en la forma adecuada, generalmente porque el ambiente impide su desarrollo equilibrado, justamente por un problema valórico.
5. Los valores que orientan actualmente la vida de cada uno
Es posible que muchas personas no tengan clara conciencia de los valores inspiradores de su vida actual. Es necesario saberlos, porque ello otorga mayor seguridad frente a los múltiples conflictos que, inevitablemente, se van a presentar.
Es una forma de estar preparado, de adelantarse a las situaciones, de conocer “mi parte” ante lo inesperado, ya que los hechos mismos me serán siempre impredecibles.
Así como es importante el autoconocimiento en aspectos afectivos, lo es en cuanto a los valores personales, que dan dirección a la propia vida más allá de las ganas del momento. El real contacto con los propios valores de vida permite saber sobre uno mismo y lo que es verdaderamente importante, de modo de contar con criterios permanentes ante las distintas alternativas de solución compatibles con los propios principios.
6. Compromiso personal con los valores
La educación en su sentido más amplio, transmite los valores de una generación a otra. Los niños reciben enseñanzas de sus padres. Tanto la familia como la escuela aplican una disciplina tendiente a que hijos y alumnos adhieran a determinados valores y los expresan en sus comportamientos.
La madurez personal se expresa, entre otras formas, por la autonomía que cada persona va adquiriendo para vivir independientemente y regular su vida conforme a sus propios valores.
Los valores no son para conocerlos sino para vivirlos. De ahí que es fundamental la adhesión a ellos y la fidelidad en convertirlos en patrones de vida. Se dice de quién tienen altos valores y los vive que es “una persona valiosa” o de alta excelencia personal.
1. Expectativas y realidades en el ámbito valórico
Habitualmente, los jefes esperan que el personal a su cargo trabaje con un alto sentido ético, con responsabilidad, honradez y compromiso. Con ello demuestran elevadas expectativas sobre la moral, la autodisciplina y los deseos de realizar su mejor aporte a la organización de parte de sus colaboradores. Cuando la realidad desmiente estas esperanzas, descalifican a quienes han actuado mal.
2. La responsabilidad de los jefes
Pocos jefes se preguntan si no les asiste a ellos mismos una cuota de responsabilidad en esto. ¿ Han desarrollado su liderazgo de modo que sea un testimonio y modelo de conducta para sus colaboradores? O, por el contrario, ellos mismos infringen, “por exigencias prácticas”, los mismos principios que dice sustentar.
Es fundamental definir ideas concretas para desarrollar un liderazgo que, sin dejar de ser realista, sea capaz de inspirar los valores que orientan el comportamiento individual y colectivo de todo verdadero equipo de trabajo. Valores con fuerza para legitimar el poder que ejerce y que, gracias a un prestigio bien ganado, lo transformen en autoridad libremente aceptada y en influencia reforzadora de la moral de trabajo.
3. Acciones concretas para favorecer un clima de trabajo valórico
Es indispensable incorporar actitudes, habilidades y destrezas de liderazgo efectivo que permitan a los jefes ejercer adecuadamente sus roles en la supervisión, delegación y motivación, convirtiéndose en agentes de cambio al servicio de los valores, objetivos y metas de la organización. Para ello, es previo que reconozcan la importancia de ejercer su rol de conducción de sus colaboradores ajustando fielmente sus propias conductas permanentes y comportamientos específicos a valores humanos universales.
Sólo cumpliendo fielmente los requisitos anteriores es posible inspirar, a partir del testimonio personal, un clima de relaciones interpersonales y de trabajo basado en dichos valores humanos.
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